Domingo. Hoy, una fotografía

Termina el domingo.

Hay lugares que desprenden algún tipo de magia especial, como si resultasen familiares. Cada detalle, cada rincón es como si escondiese una pequeña historia. Tal vez alguien que pasó por allí antes que nosotros, se detuvo también frente a la entrada del pequeño restaurante, y pensó esto mismo también.

Por eso apenas he retocado la imagen que os traigo hoy, más allá de controlar el brillo y darle un poco de textura para resaltar los juegos de luces. Se trata de un pequeño restaurante en Tokyo, de cuidada y mimada decoración, que es lo más característico del lugar que pude ver en mi corta estancia.

Aquí os la dejo:

¿Qué os parece?

Permitidme recordaros, una vez más, que podéis ver ésta y más imágenes a través de:

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Mi cuenta de Instagram.

¡Disfrutad de la semana!

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No es antiguo, es Vintage… Y nos encanta.

En una de las últimas prácticas que he entregado para la Universidad, se nos pedía que hiciésemos un breve análisis del reciente lanzamiento del Nokia 3310, que vuelve a la venta después de 20 años, de la mano de una renovada Nokia que, como el ave fénix, resurge de sus propias cenizas y pretende enmendar los -grandes- errores que la han hecho objeto de estudio en todas las escuelas de negocios y de marketing, sobre cómo una empresa puntera mundial, con una cuota de mercado y una percepción de marca inmejorables, puede llegar a estar a un paso del abismo de la desaparición. Pero no nos desviemos del tema…

Lo vintage está de moda. Nos gustan los objetos ochenteros, noventeros, anteriores a la época digital de aplicaciones e internet por todos lados. El Nokia 3310 es un ejemplo claro de ello; una regresión a los orígenes de la telefonía, cuando la telefonía era sólo eso, voz y SMS. Bueno, y el juego de la serpiente, claro, que no se han olvidado de él y lo han incluido en esta revisión. El éxito de este teléfono, catalogado como vintage, radica en un micro-segmento de mercado nostálgico de otros tiempos. Y no sólo encontramos en telefonía. También vemos, por ejemplo, una situación similar en la fotografía. vuelven las cámaras Polaroid, las cámaras tipo Lomo, que nunca se han ido, las revisiones de cámaras antiguas por fuera, pero con prestaciones actuales por dentro. En mi práctica, sostenía una pequeña tesis. Hace veinticinco años, adquirir una cámara, o un aparato electrónico, era caro. Tener una cámara réflex era casi un objeto de lujo, al igual que tener una consola de juegos, o un ordenador. Si nuestros padres se lo podían permitir, entonces éramos la envidia del colegio. Por eso ahora, que esta clase de artículos son más accesibles para nuestros bolsillos, nos cuesta menos adquirirlos. Y porque nos trasladan a nuestra niñez, a otros tiempos analógicos, donde exprimíamos las 24 fotos del carrete de la cámara, íbamos al cajero a recargar el móvil para enviar SMS, o pasábamos las tardes gastando vidas con el juego en formato cartucho que habíamos cambiado con aquel compañero de clase del que nunca hemos vuelto a saber.

¿Polaroid? ¡Quiero una!

Imagen: www.pixabay.com

Lo vintage está de moda. Pasa igual con las consolas. ¿Viste la Nintendo Mini? Tuvo un gran éxito de ventas. Ahora han sacado la SuperNintendo Mini, y más de lo mismo, e incluso con mayo éxito. En la época digital, de aplicaciones, mensajería e información instantánea, el retorno de lo vintage es una llamada de atención sobre el ritmo frenético de vida que llevamos, para que volvamos a experimentar la sensación de tocar los objetos, de observar y entender cómo funcionan, de disfrutar tomando una imagen que se revela “por arte de magia”  en unos segundos en un papel que agitamos y que luego colgaremos en un corcho. Es volver a unos años que muchos añoramos, a pesar de la ilusión con la que hemos adoptado las posibilidades del entorno digital.

Vintage… Qué bonita palabra.

Archivos compartidos con Dropbox

Hasta no hace muchos días, trabajaba con dos equipos portátiles, uno grande, bastante potente, para las tareas de diseño y edición, y otro más pequeño, que sólo usaba para escribir, navegar por la web y ver alguna película de vez en cuando. En el equipo pequeño tengo instalado un pequeño software de edición fotográfica, además de un procesador de textos gratuito. Suficiente para funcionar.

La complicación llegaba cuando, en las asignaturas de la universidad, al acceder desde varios dispositivos, generaba una cantidad de información tal, dividida en ambos equipos, que en más de una ocasión me he vuelto loco buscando lo que necesitaba, o he tenido que volver a hacer el trabajo que había hecho en el otro ordenador. Leo correos, busco, veo y descargo contenidos, y voy trabajando en las diferentes práctica propuestas para cada asignatura. Así, o bien intentaba hacerlo todo con el mismo equipo, cosa que no siempre era posible, o iba transfiriendo datos de uno a otro, con la ayuda de una memoria USB, o similar, con el riesgo de sobreescribir cosas que no debía, o perder la cuenta de qué cosas transferir, o cuáles no.

Este semestre, además de contar con un nuevo equipo, que sustituirá a los anteriores, he optado por otra alternativa que no había probado antes, al menos no en el ámbito universitario. He instalado la aplicación Dropbox en todos los equipos, creando un acceso directo en el escritorio, donde guardaré todo el contenido que vaya generando de cada asignatura, desde cualquier equipo o plataforma. De esta forma, podré acceder a la misma información desde cualquier dispositivo con conexión. Para empezar, Dropbox ofrece 2Gb de almacenamiento gratuíto, más que suficiente para todo el semestre.

Además, también lo he instalado en el smartphone, porque a veces tomo alguna nota,  o hago alguna fotografía de interés, que automáticamente aparecerá en el resto de dispositivos vinculados.

Las primeras pruebas que he hecho con archivos de imágenes y carpetas no muy grandes han sido muy satisfactorias, y todos los equipos se han sincronizado de forma automática en muy poco tiempo. Voy a probar este semestre, a ver qué tal la experiencia.

¿Tú lo has probado antes? ¿Qué tal la experiencia?

El diseño y la falta de sueño no son compatibles

Seguro que lo has oído en alguna ocasión, eso de que el diseñador duerme poco, que si las horas de sueño son un lujo, que si por la noche es cuando vienen las ideas…

Pues bueno, déjate de historias. Como digo en el título de este post, el diseño y la falta de sueño no son compatibles. Bajo ningún concepto. Es más, me atrevería a decir que ni para el diseño ni prácticamente para nada.

Imagen: www.pixabay.com

El diseño es creatividad, imaginación, resolución de problemas, una búsqueda constante de la mejor combinación de elementos que pongan fin a una necesidad gráfica, de comunicación y/o expresión y, en todo proceso creativo, un cerebro lúcido, fresco y descansado funciona mejor y aporta más. Digamos que cuando aumenta la barra indicadora del sueño, lo hace a costa de la barra de la creatividad.

Hay diseñadores que trabajan mejor por la noche, otros prefieren madrugar. Cada cual decide el mejor horario en función de sus gustos y de su estilo de vida, pero repito, una mente descansada es más activa que una mente agotada.

Y te lo digo por propia experiencia. En más de una ocasión, debido al cansancio acumulado, me ha sido imposible  ya no iniciar un nuevo proyecto con una base sólida como para poder continuar, sino el mismo hecho de continuar con algo ya iniciado, considerando los números factores a tener en cuenta cuando se crea algo destinado al uso por terceros. El cansancio reduce los niveles de atención y de retención, y unido al agotamiento físico, merma la energía, por mucha voluntad que uno le ponga. He oído por ahí algunas recomendaciones del tipo “levántate una hora antes”, o “aguanta un rato más antes de dormir”. Creo que es necesario descansar, para poder trabajar con mayor comodidad.

Así que ya sabes. Una hora de trabajo descansado vale mucho más que tres horas cuando estás mental y/o físicamente agotado.

¿Qué haces aquí? Vete a descansar un rato, por favor.

Fotografía: Cerezal de Peñahorcada

Suelo subir las fotografías los fines de semana, que es también cuando tengo algo de tiempo para prepararlas, pero la imagen que os dejo hoy la tenía preparada desde hace algunos días, así que no he querido esperar más.

La imagen fue tomada hace un par de meses, en Cerezal de Peñahorcada, Salamanca. Me gusta mucho la composición final, con ese aspecto envejecido que no resta comprensión a la imagen. Además, el uso de blancos y negros, y texturas para envejecer el aspecto final, hacen que la toma parezca una división en tres niveles; el cielo y la tierra, y en medio el paisaje del pueblo, como protagonista.

Aquí os la dejo. ¿Qué os parece?

Como siempre, ésta y otras imágenes las podréis encontrar en mi perfil de Flickr.

¡Disfrutad del finde!

Percepción de marca: combinación del offline y online

Ya lo sabes, pero nunca está de más recordarlo. Una marca, tu marca, es mucho más que un logotipo, o que la imagen gráfica que transmites a través de cualquier tipo de soporte. La suma de lo que dices, lo que haces, la forma en que te diriges a tus clientes, proveedores y colegas, aquello que compartes a través de contenidos propios y ajenos, el servicio que ofreces antes, durante y después de tu relación con un cliente, tu logotipo, por supuesto, el uso y tratamiento que haces de tu identidad gráfica aplicada a tu web, y otros muchos factores adicionales, son los que definen tu mercado y a buena parte de la sociedad.

Imagen: www.pixabay.com

Y si todo lo anterior te parece poco, ahora además tienes un canal adicional que nunca descansa, y que te obliga a mantenerte en un estado de alerta continuado. Claro que sí, es el medio online. Si en los canales offline la dirección de la comunicación entre marca y público posee un carácter más unidireccional, el medio online hace a la sociedad participativa y creadora de opinión y comentarios. Si añadimos la casi absoluta libertad para expresar cualquier tipo de opinión que caracteriza las diferentes plataformas online, la tarea del gestor de marca se multiplica hasta niveles casi infinitos, puesto que son tantos los posibles canales (redes sociales, foros, chats, páginas especializadas, etc.) que se hace imprescindible una labor de selección, organización y curación de los focos de interés y espacios prioritarios.

Por ello la marca es la suma de las acciones online y offline. Si la parte online es participación y opinión, la offline es sentimental. Los medios offline funcionan como transmisores de emociones. Cuentan historias, buscan una conexión más profunda con el receptor. Piensa en el hábito de leer. En internet se lee deprisa, sólo la letra gorda, los encabezados y, con suerte, alguna frase en negrita; se echa un vistazo a las fotos y se pasa a otra cosa. El video gana terreno. Videos de corta duración, claro, para no aburrir ni saturar al personal. En el mundo offline, el hábito de la lectura toma su tiempo, se disfruta, se busca obtener esa conexión entre emisor y receptor que, en internet de nuevo, son mucho más efímeras.

La marca, tu marca, es la expresión de tu empresa y de tí mismo. Por ello debes cuidar todos los canales, todos los formatos y el contenido que trabajas en cada uno de ellos. Recuerda que cuesta años construir una marca, pero apenas unas horas para destruirla.

¿Cuál es tu marca?

Micro-Objetivos

Seamos claros. El día tiene 24 horas. Pasamos entre 8 y 10 horas -cuando no más- en el trabajo; dormimos unas 6 horas (no menos, por favor, que si no la mente no trabaja bien al día siguiente), y algunas horas mas entre obligaciones varias e imprevistos de esos que requieren nuestra atención completa. Al final del día, tal vez dispongas de unos minutos para dedicar a tus aficiones o proyectos y, si te pasa como a mí, a menudo apetece más descansar que trabajar, ¿verdad?

Por ello quiero comentarte hoy el sistema de micro-objetivos que he puesto en marcha para optimizar el poquito tiempo que queda al final del día, y que como ya habrás intuido por el título del post, consiste en la planificación diaria de pequeña tareas que, vistas desde una perspectiva diaria no suponen un gran esfuerzo, o invasión de tiempo, pero que en conjunto, desde un punto de vista mas global, conforman una serie de escalones que llevan hasta un fin, o lo que es lo mismo, hasta tu objetivo.

Como digo, se trata de pequeñas tareas diarias, de corto recorrido y duración. Puede ser, por poner algunos ejemplos, redactar unas líneas para tu blog, seleccionar una imagen para una nueva ilustración, leer unas páginas de ese libro que tienes atascado porque “no tienes” o “no encuentras” tiempo, o cualquier pequeña tarea que puedas avanzar en no más de 30-45 minutos. Si dedicas este tiempo diario a realizar tu micro-objetivo, al final de la semana la suma todos esos pequeños tiempos han hecho que tu proyecto, o tarea, haya avanzado notablemente.

Muchas veces pretendemos abarcar demasiado, y ese afán por hacerlo todo nos puede llevar a situaciones de atasco e incluso angustia. Dividir una tarea en pequeñas acciones, e ir avanzando poco a poco, nos dará precisamente esa sensación de avance y seguridad. Pero, ojo, sé estricto con los tiempos y tareas y, lo más importante, realista con lo que haces y con lo que puedes hacer. Te pondré un ejemplo, para entendernos. Disponemos de 20 minutos diarios para montar un pequeño proyecto fotográfico. Tienes 300 imágenes para seleccionar y retocar, o lo que es lo mismo, una tarea que ya de por sí se antoja de unas cuantas horas. Según lo comentado, un error sería empezar por “hoy selecciono las fotos que valen y deshecho el resto, y me pongo con la maqueta”. ¿Todo eso en 20 minutos? Lo dicho, seamos sensatos. ¿No es más realista dedicar esos 20 minutos a realizar una pequeña criba inicial el primer día, repasar y terminar el cribado el segundo día, pensar un primer boceto para la maquetación el tercero, y así en los días posteriores? Seguro que ya has visto por dónde quiero ir…

Termino ya. Se trata de simplificar, como tantas veces he comentado en otras entradas anteriores; de subdividir grandes tareas en pequeñas acciones cuando el tiempo escasea. En una entrada anterior, hablé de una aplicación, “Pomodoro Timer”, que funciona como una suerte de cronómetro para, durante 20 minutos, focalizar nuestra concentración en un único tema. Útil, sin duda, si somos capaces de usarla con un mínimo de coherencia y sentido común para simplificar grandes tareas en acciones menores, pero igualmente importantes.

¿Qué te parece el método? Puedo decirte que lo he utilizado para publicar esta entrada…